Adolphe Jean-Marie Mouron, más conocido por el seudónimo de Cassandre -sacerdotisa de Zeus con el don de la adivinación-, nació en enero de 1901 en Ucrania, de padres franceses, y tanto su formación en Bellas Artes como su posterior carrera de diseñador la desarrolló en París.

Es reconocido como el precursor del cartel moderno y algunos, como Milton Glaser, lo consideran como “…indiscutidamente el más grande diseñador gráfico de la década del 20 del siglo XX,…”. En sus obras podemos ver la influencia de las vanguardias artísticas de la época de entreguerras del siglo XX, como el cubismo, el purismo de Le Corbusier o los recursos gráficos de líneas cinéticas propias del futurismo.

Obligado por las circunstancias que en ese momento se vivían en Europa -la primera guerra mundial y la Revolución Rusa- tiene que permanecer en París, en donde desarrolló su carrera como cartelista, tipógrafo, pintor y escenógrafo de teatro hasta su suicidio el 17 de junio de 1968.

Su biografía y carrera profesional es digna de protagonizar una película de héroes caídos o en el olvido, como si su tiempo ya hubiera pasado antes de que el transcurso natural de la vida así lo hubiera dictaminado. El que fue considerado por el escritor Blaise Cendrars como el “primer director escénico de la calle” gracias a sus cualidades como un cartelista publicitario ejemplar, se vio abocado en los últimos años al olvido o al rechazo de muchos de sus trabajos.

En 1923, con sólo 22 años, Mouron realiza el cartel “Au Bucheron” que firma con el nombre Cassandre y que comienza a forjar su carrera gráfica, así como su forma revolucionaria de entender, sintetizar y plasmar gráficamente la comunicación publicitaria a través del cartel. Un año después con el trabajo del cartel realizado para anunciar un popular periódico del sur de Francia L’Intransigeant, Cassandre se confirma como el gran profesional de este género gráfico.

En estos primeros trabajos ya vemos los rasgos característicos que marcarían tanto su obra, como su forma de entender el trabajo gráfico y que tanta influencia tendría en la comunicación visual publicitaria: imágenes modernas y directas que sintetizan el mensaje; estilo ecléctico en el que se integran distintos estilos de las vanguardias francesas; integración de la tipografía en la gráfica; gradaciones de blanco a negro o juegos con distintos colores que invaden los tipos; tipografías de caja alta que se modifica en sus proporciones o en remates en forma de línea, de flecha, triángulo…

“El cartel no es pintura ni decorado teatral, sino algo diferente aunque a veces utilice los medios de uno u otro. El cartel exige la renuncia del artista a firmar su personalidad. Si lo hace rompe las reglas del juego. La pintura es un fin en sí misma, mientras que el cartel es un medio para un fin, un medio de comunicación entre el anunciante y el público, semejante a un telegrama. El cartelista desempeña la labor de operador de telégrafos. En consecuencia emite y transmite un mensaje que no debe contener, información detallada. Únicamente se exige de él que establezca una clara, poderosa siempre y precisa comunicación.”

Sus convicciones sobre lo que este género gráfico debe ser, es algo que se mantiene como principio fundamental: «Un cartel dirigido al apresurado viandante, hostigado por un alud de imágenes de todas clases, ha de provocar sorpresa, violentar la sensibilidad y señalar la memoria con una huella indeleble.”

De 1924 a 1937 es el periodo de desarrollo profesional más brillante de este grafista. En 1930 co-funda una agencia publicitaria denominada Alianza Gráfica. También comienza una estrecha relación con Charles Peignot -de la prestigiosa fundición Deberny et Peignot (actualmente parte de Monotype Corporation)- que le lleva a la creación de una serie de tipografías como: Bifur, Acier, Acier Noir o la afamada Peignot, que se encuentra habitualmente en cualquier colección tipográfica.

Su marcha a Estados Unidos, tras su gran éxito en Europa, es el comienzo del fin. Tras una serie de trabajos en ese país -a destacar sus portadas en la revista Harper’s Bazaar-, Cassandre vuelve a París alejado de las labores gráficas que le habían dado la fama y se dedica a la pintura así como a la escenografía teatral. Ha llegado su época oscura, en el que además de olvidado gráficamente encuentra que en ocasiones su trabajo es rechazado.

En 1963 Cassandre desarrolla otro trabajo mítico y que aún se sigue manteniendo, como es la identidad de Yves Saint Laurent -perteneciente desde 1999 al Grupo Gucci- y que resalta las cualidades gráficas y tipográficas de este profesional.
Cinco años después, 17 de junio de 1968, sus problemas personales y profesionales le llevan a tomar la fatal decisión de acabar con su vida. Ahora, a casi el 42 aniversario de su muerte y revisando su trabajo, su calidad gráfica se engrandece y su legado se hace imprescindible para entender buena parte de lo que significa el diseño gráfico y la enseñanza de principios profesionales plenamente válidos.

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