Son publicaciones que ofrecen información de los productos o servicios de una empresa y sus características. Se utilizan para promocionar o hacer publicidad de una empresa, producto o servicio.

Es una forma de publicidad muy utilizada, por no tener ciertas limitaciones más que la propia inversión que se quiera realizar en la edición del mismo, y por ser un soporte inmejorable para la presentación de productos: la calidad del papel, la posibilidad de utilizar muchas imagenes y extendernos en los textos nos puede permitir crear un producto verdaderamente atractivo, un escaparate sobre papel que despierte el interés y la atención de nuestro público objetivo.

Cuando el objeto de nuestro catálogo es un producto de diseño, de caracter artístico, de calidad o que representa un cierto «estatus», deberemos cuidar especialmente el soporte del mismo, ya que en ningún caso puede estar por debajo del nivel que pretendemos darle a los contenidos. Deberemos entonces cuidar tanto la calidad del soporte como la selección de imágenes y la retícula que establezcamos.
Diferente sería si lo que estamos haciendo es un catálogo de supermercado en donde lo importante sea la rebaja en los productos que ofrecemos, entonces el color se convierte en protagonista absoluto y las llamadas de atención se multiplican a través de la retícula a través de los propios precios o descuentos

Podemos diferenciar dos partes en el catálogo:

  • Portada y contraportada.
  • Páginas internas o contenido.

Ambas partes deberán ser atractivas, sobre todo la portada que será la encargada de llamar la atención y de invitar e introducir al lector en el el resto del catálogo, en la compañía y en el tipo de producto o servicio que nos va a presentar.

Sus dimensiones en cuanto a formato del catálogo, número de páginas, tintas utilizadas y calidad del papel, dependerán en gran medida del presupuesto, de la cantidad de información que se deba incluir y del destinatario del mismo. En un catálogo no nos podemos olvidar de la importancia de los blancos en relación con el resto de contenidos, ya que esos espacios conseguirán hacer resaltar más las muestras o representaciones de productos y la información relativa a éstos. El diseñador deberá hacer un examen entre el volumen de información a mostrar y la adecuación del espacio para conseguir un recorrido visual agradable y atractivo.

Lo primero que debemos hacer es determinar la cantidad de texto y los elementos gráficos que vamos a incluir:

En cuanto a imágenes: Los catálogos generalmente suele ser un elemento de comunicación basado más en las imagenes que en el texto, por tanto éstas deben estar bien resueltas, atraer y representar de la forma más real posible al producto.

En cuanto a texto: El texto debe ser claro y legible, no solo por la estética, sino tambien por el aspecto práctico, es decir, para comunicar una información determinada de la forma más eficaz posible y que esos contenidos textuales inviten a ser leídos y a conocer más sobre el producto o servicio que presentamos.

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