Más de 17 años de denuncias, juntas impugnadas, juicios y hasta alguna que otra campaña más o menos sucia finalizaron este pasado jueves con la subasta de la marca Churruca, la histórica enseña de frutos secos por la que los hermanos José y Luis López Lluch se han peleado en los tribunales desde 1991.

En 2003 a un juez se le acabó la paciencia. Retiró el uso de la marca a ambos y dictó una sentencia por la que obligaba a sacar a subasta la marca y su representación gráfica para acabar con el problema. Además, la venta estaría abierta a terceros. Los preparativos para la subasta han tardado cinco años, una tardanza a juego con el interminable conflicto fratricida.

En la venta realizada en la sede del juzgado el pasado jueves hubo cuatro postores, aunque la liza estuvo entre los dos hermanos. Al final, Luis, el que se quedó con Productos Churruca -sociedad de la que sigue siendo accionista minoritario su hermano-, se llevó al cocinero a su cocina. ‘La marca Churruca vuelve a casa’, destacó la compañía tras recuperar el uso exclusivo de la enseña.

“La marca tiene muchos años de antigüedad; es la más veterana de España de frutos secos. La registró mi padre, pero el logotipo del cocinero al principio era una cabecita de cerdo. Hacía productos para carnicería, especias. Con 14 años, yo empecé a cambiar la fisonomía de la cabecita de cerdo por el cocinero. Luego apareció el logotipo de Churruca. Es una marca que vale mucho más de lo que hemos pagado. Por marcas menos valiosas se han pagado burradas. El fondo de comercio de Churruca es increíble. Comprar una marca de este calibre por siete millones es un regalo”, Luís López Lluch

Una amarga victoria, en todo caso, si se piensa en la cantidad de dinero que las dos partes han invertido en abogados y juicios, en los problemas de imagen para la marca, que incluso ha estado a un paso de desaparecer, y para una empresa que hace cinco años facturaba 20 millones de euros y que este pasado no alcanzó los 30 millones.

Sobre los planes de la nueva reimplantación de la logomarca, López Lluch dice “Estamos reunidos, estudiándolo. Lanzaremos una campaña de publicidad por valor de 1,5 millones para que el consumidor nos vea, que comprenda que teníamos productos sin la mascota. El logotipo del cocinero volverá en un tiempo prudente, lo haremos despacito, con mucho amor. Y volverá el cocinero original, el que yo cree hace muchos años. Una mascota no se debe modificar, tiene un significado. No he visto al pato Donald o el logo de Coca-cola modificados. Vamos a ser muy cuidadosos. No es un tema comercial. Vamos a empezar un proceso de estudio para estar en el mercado en un tiempo breve”.

Los amantes del cocinero sonriente, que estén atentos a su nueva reincorporación

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