La importante operación del encuadre comprende el aprovechamiento del entorno para enmarcar el motivo y conseguir fotografías lo más efectivas posible. En cualquiera de las disciplinas fotográficas tradicionales -retrato, paisaje, bodegón, desnudo y reportaje- se puede utilizar este recurso, si bien es cierto que, en ocasiones, el fotógrafo intenta plasmar una imagen desprovista por completo de referencias ambientales, de tamaño y proporción y de profundidad, para obtener resultados lo más abstractos posible. Pero, en último extremo, no utilizar el entorno es, también, una manera de tenerlo en cuenta.

Un rostro que aparece entre el follaje desenfocado del primer término; un paisaje urbano visto a través del hueco de un monumento característico del lugar; una situación de luz intensa en el centro que se va oscureciendo hacia los extremos, en un bodegón; una ventana que enmarca el cuerpo desnudo de la modelo, o un mecánico rodeado de coches, pueden ser ejemplos de las amplias posibilidades de trabajar con el entorno del motivo para enmarcario dentro del encuadre.

Enmarcar el motivo con elementos del entorno suele ser un problema fácil de resolver si el fotógrafo se ejercita en ello. Con frecuencia no resulta más complicado que desplazar la posición de la cámara o modificar el punto de vista de la toma. En el paisaje, tanto natural como urbano, es donde quizá sea más frecuente encontrar marcos atractivos a las fotografías.

El fotografo al decidir fotografiar el claustro a través de las columnas decide utilizarlas como marco que da fuerza a la fotografía.
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